Monday, January 22, 2007

The New Background on this Blog

I have been hacking away at this thing as you can see. The basic template for this blog is called scribe. I like the paper image but the background was a bit too staid for my taste, and a number of people are using this template (T.O.P. among others), so I decided it was time to customize it some more. You may balk at the bold design, but it is in keeping with the desktop theme of the template. The design comes from an antique Tekke Hatchlu or Engsi rug, used by the Turk tribes inside their Yurts to divide up spaces. When the Russians finally conquered these nomads, their rugs became prized possessions of the bourgeoisie back in Europe. Some of them were used to cover writing desks, just as I have it here. This particular Engsi, which hangs in my office, was made by some Tekke tribeswoman in the 1880s on a simple horizontal loom, with consummate skill. The knots are barely visible to the eye, the work is so fine. These anonymous weavers were not only skilled craftswomen, they were great artists.

Friday, January 19, 2007

A Note on El Camino de los Negros

The log entry below is my first experiment of its kind in hacking this template and rearranging matters so that i can play with combining text and imagery in more interesting ways. What I am aiming for is to get two (or more) narratives running alongside one another while maintaining their independence. For this I had to come up with a new layout so that different bits of text could acquire separate status, and the different shapes could all cooperate while they maintained distinct trajectories. These are photo-essays, photo/grams, ideas written in light and shadow and letters. In the future I hope to add more photos to the essays that have none as yet, as well as to push these formal matters to whatever limits I can devise.

While I may be taxing the patience of the average blog reader who thus far is accustomed to briefer and less demanding reads, I see no reason not to prod them a little bit in the hopes that their habits have not calcified and that they would naturally seek the same intellectual quality that they demand of the material they find between the covers of a book. Time will tell. It always does.

El Camino de los Negros

"an old brujo was asked about the nature of his practice, and he said, "Well, the white people have their way, but this is the way of black people."






A one room shack in a barrio of San Juan where a woman mourns the loss of her only son, her only solace in a life of almost total deprivation. Death here is a common fact, no more remarkable than the open door through which you pass to escape the close walls of the hovel.


Children in the
barrios sing,

"se murió pa' tí
se murió pa' mí,
Jesús Cristo
se murió así"







The people arrive early to consult with the bruja. Eroánia prepares her altar for vengeance, or forbearance . . .











Friday, January 12, 2007

Los Olvidados


El modelo de desarrollo de cada civilización emana de los recursos de su tierra. Si no fuera por el humilde bacalao, la industria pescadora del noreste de los Estados Unidos no se habría desarrollado y el famoso "yanqui" no habría nacido, al menos, no de la misma manera. Su cultura y sus valores salieron de esa industria. Eran pescadores, callados y constantes como el Océano.

Nosotros, los caribeños también tenemos nuestra propia historia económica que forjó una cultura fuerte y que por desgracia o por fortuna, apoyó la economía de los imperios europeos. El cultivo de la caña no solo enriqueció a los países europeos, sino que además transformó sus gustos, su dieta, aun la forma de ser de la gente, y en el proceso trituró los pueblos desarraigados que labraban la tierra - en su primera etapa: Tainos, Congoleños y otros Africanos. Ramón Marrero Aristy, autor dominicano, escribió: "La historia de tu pueblo, la de tu región, es la de la caña."

En su posterior etapa, el azúcar caribeño era mayormente una industria norteamericana, aunque empezó en los años 1870s con una mezcla de cubanos, alemanes y norteamericanos. En los bateyes que hicieron los "misters" habitaba una multitud de babel: Cocolos de St. Kitts, Barbados, Jamaica y otras islas anglo parlantes; gallegos de España; dominicanos; cubanos y haitianos. Sin embargo, el ingenio los molió a todos. Más algo quedó dentro de ellos que no fue triturado por el engranaje. De este sabroso melao humano surgió una cultura que consta de las ideas y las figuras más perdurables del caribe. Esta cultura mestiza arrebató la alegría de su sufrimiento y la fuerza nervuda de su opresión, convirtiendo las cadenas de los bateyes en adornos, sus gritos en canto meloso y su labor cotidiana en música suave y baile cadencioso. "Escuchad la canción deliciosa de los ingenios de azúcar y de alcohol" (Pedro Mir).

Ahora el azúcar no manda, los braceros no cortan, los bateyes no cuentan. Ahora las chimeneas de los ingenios no arrojan el humo de los furgones en que se hierve el guarapo, y el olor del aire melcochado no endulza el suspiro de los que comen la tierra amarga. Ahora el caribe fabrica otra forma de dulzura - playas bonitas, complejos turísticos, ocio lujoso. Y los bateyes están olvidados . . .

La migración de los Haitianos a través de la frontera no empezó con la zafra, pero no pasó mucho tiempo para que la zafra se convirtiera en "la invitación abierta" que aumentaría su flujo, hasta que finalmente fueron los haitianos quienes componían la mayoría de los braceros. Este arreglo creado por los "misters" del norte y confirmado en la Hispaniola por Trujillo y Duvalier dejó mucho tiempo atrás de tener sentido en nuestra economía. El corte de la caña ha sido sustituido por largas jornadas en los campos, sembrando semillas en las fincas o golpeando el fuerte martillo de las construcciones. Y es que, la puerta no está del todo cerrada. Un torrente de refugiados haitianos huye diariamente del caos económico y político, buscando su mejoría y dejando a República Dominicana sin medios para solucionarlo. Los bateyes perduran como un triste recuerdo mudo de la historia caribeña en que todos nosotros compartimos cuando consumimos los cristales dorados de nuestra querida azúcar crema.

Las nuevas encuestas nos dicen que el setenta porciento de los que viven en los bateyes son dominicanos. No les llamen "los negritos del batey", ni "los haitianos", mejor llámenles "Los Olvidados" por existir en el limbo de la memoria. En esos bateyes se encuentran nuestros hermanos y hermanas. Estas fotografías reflejan los rostros de los que comparten nuestra cultura, nuestra historia, nuestros valores--caribeños todos. Como dijo un bracero, "Todos tenemos la misma sangre; somos iguales."

Thursday, January 11, 2007

Ozymandias


"hoy nos cuenta tus glorias olvidadas
la brisa que solloza en tus escombros."

-- Salomé Ureña

La ciudad colonial de Santo Domingo de Guzmán era el urbanismo ejemplar del Nuevo Mundo. Su traza cuadricular y sus calles rectas incorporaron el nuevo concepto de la modernidad y del mercantilismo que impelía la Época de Exploración. Pero mientras los conquistadores planteaban su reino de ganancias y pérdidas, los frailes se pusieron a construir un nuevo Vaticano, o sea la sede religiosa de donde salía la influencia papal para administrar el Nuevo Mundo y reclamarlo en el nombre de dios. Entonces había dos motivos contrarios que gobernaron a la gente. El imperio español tenía la cara de Janus, con un ojo clavado en el porvenir, y otro en el pasado y la sabiduría del Antiguo Mundo. Aquí el nuevo humanismo y la escolástica se oponían en lucha por las almas del pueblo. Entonces, la arquitectura bélica de la ciudad también tenía su aspecto espiritual. Rodeada de un muro defensivo, la ciudad tenía también una cadena de iglesias que protegían a los forasteros en tierra ajena. Nunca se había visto tal ciudad. Se ubicó en la orilla del hemisferio, entre lo que ya era conocido y lo que quedó por descubrirse. Era la octava maravilla del mundo.

Despues del siglo XVI, la ciudad se volvió un lugar atrasado y empobrecido con pocos habitantes. El imperio había echado su mirada sobre el tesoro de México y de Perú, y condenó a la isla a una temporada del olvido. Cuando el imperio abandonó la isla, también se trasladó la sede eclesiástica, y en México se construyó una catedral aún más grande que la de Santo Domingo.

I met a traveller from an antique land
Who said: "Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown
And wrinkled lip and sneer of cold command
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them and the heart that fed.
And on the pedestal these words appear:
“My name is Ozymandias, King of Kings:
Look on my works, ye mighty, and despair!”
Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare,
The lone and level sands stretch far away.

Sin embargo, este lugar no es un desolado desierto, sino una comunidad viva y vivaz que perdura sobre los restos de una civilización quijotesca. Los conquistadores destrozaron la sociedad taina, pero también construyeron aquí el primer hospital, expresión de un humanismo que hizo que el hombre fuera la medida de todas las cosas. Vivimos hoy en día entre las ruinas de su ambición imperialista, las cuales ahora forman un paisaje pintoresco para el turismo – una manera de viajar muy frívola a diferencia de las aventuras de Cristóbal Colón. Tal vez los turistas carecen de imaginación o de atrevimiento, pero es por viajar en busca de momentos de ocio. Llegan aquí para conquistar a una chica y apenas piensan en conquistar un mundo. Pero entre ellos, hay algunos que contemplan estos mudos restos y paran, siquiera sea por un momento, para interpretar el secreto que las ruinas ocultan: todo evanesce, todas las obras de la humanidad se desmoronan y todos sus sueños esfuman. Pero en las ruinas se halla el nido del fénix.




La Calle de "El Tapao"




Dar un paseo por la ciudad colonial es viajar a través del tiempo igual que el espacio. Uno pisa el pavimento que pisaron los conquistadores, el pavimento que cubre las pistas hechas por los pies de los taínos. Cada paso adelante es un paso atrás. Uno anda admirando la casa donde Diego Colón soñó con crecer su dominio, o la casa donde Nicolas Ovando soñó con aniquilar a los taínos, la casa donde Cortez soñó con conquistar Mexico y Pizarro con conquistar Peru. Estas casas sólidas y sus fachadas lúgubres también sueñan con el dominio, con la permanencia, mientras que los españoles que erigieron los muros y adentro se pasearon de un lado para otro ya han desaparecido hace muchos años; y también yo me pierdo en la niebla de los años que pasan: cada paso me envejece, hago rumbo a mi fallecer.

Se dice de un burgués que vivía durante los años 1500 que le aconteció una desgracia y por la asquerosa mutilación de su cara fue obligado andar con máscara. Las leyendas abundan: se quemó la cara por casualidad, fue acuchillado peleando sobre una mujer, padeció una enfermedad que le desfiguró, era veterano de batallas contra los piratas, o un condenado procedente de Mexico. Este “tapao” enmascarado de hierro nunca se veía de dia, y de noche solía salir a las calles deshabitadas en busca de algo que habia perdido, algo que le perturbía la mente y no le dejaba acostarse de noche en su casa (esta misma que ves ahí en la foto). Repetía su ritual de vagar las tenebrosas calles noche tras noche. Desde entonces, la calle se llama la calle del tapao. ¡Qué ha debido de padecer! este hombre forastero que vivía en la tierra ajena de una sociedad bien gregaria y chismosa, el lugar más importante del nuevo mundo, la sede del imperio español. He aquí un hombre que intentaba escapar de si mismo, pero estaba encarcelado de su máscara, de los pesados muros de esa casa, y de las palabras lastimeras de los vecinos. No se sabe qué fue de él, pero los relatos multiplican.

Emigramos por la vida y por los sitios ajenos que otros hacen. Por numerosas que sean, las raices que echamos no detienen nuestro paisaje. Al nacer se nos lleva el turbellino. Estamos envueltos en una inquietud perpetua. Cada paso adelante se nos aleja de lo que buscamos, y el recuerdo de esa pérdida se fija en las cicatrices que atrofian el corazón. Pero adelantar es también descubrir y consolarse de la filosofía. Cuando Cortéz quemó sus naves en la orilla de un nuevo continente, ha debido de morirse un poco en volverse de espaldas al mar caribe donde se distinguió en conquistar Cuba. Con el incendio de esos mástiles de caoba, se agotaron los restos de su vida anterior junto con las materiales que la encerraron. Condenó a su banda de conquistadores, o sea merodeadores, a luchar desesperadamente en la selva desconocida: seis cientos hombres en contra del imperio de Moctezuma. Era un gesto atrevido y típico de ese hombre que sabía que uno no puede estar quieto – hay que seguir adelante, seguir probando, arriesgándose. Nacido en la tierra seca de Extremadura, este hidalgo se puso a atravesar su extensión vacia y no paró, ni siquiera cuando llegó al lluvioso paraíso tropical. La Española no lo detuvo, y el no dejó de viajar. Cortéz reclamó un imperio para España, ¿pero para sí mismo qué reclamó? El privilegio de comprometerse a hacer mas viajes. Aún después de morirse, seguía estar de viaje. Su cadáver fue desenterrado casi diez veces, y viajó por los siglos entre el Antiguo y el Nuevo Mundo hasta que llegó a su descanso en el año 1947.


S
trolling through the first colonial city of the New World is a flaneur's dream. One treads the same pavement and paths that the conquistadors trod, which before they came were dirt lanes created by the passing of many taino feet. One steps out in space and in time, and each step forward is a step backward, a step into the past and into the future with each present moment. With each step I grow older, I stroll toward my demise, as I pass by the houses where Diego expanded the Columbus family fortune; where Ovando plotted the genocide of the Tainos and Las Casas their salvation; where Cortez dreamed of Mexico and Pizarro of Peru.

In the calle del Tapao, it is said that a wealthy burgher of the city during the 1500s had been horribly mutilated in some unknown accident. Different versions abound, he was burned, he was cut up in a fight (possibly over a woman), he was a veteran of battles against pirates or marauders, he was a prisoner returned from Mexico. He was never seen during the day, but at night he would emerge from his house, this very building, wearing a cape and heavy iron mask that covered his grotesque scars, and he would walk the desolate dark streets. The street had its official name, but from then on it became known as the calle del Tapao. What must this man have suffered, living in such an estranged fashion among a very social people in a small backwater of what was once a great empire, haunting the nocturnal streets with his unrequited desire for something he lost, a search ritually repeated night after night. Here was a man who tried to flee from himself and yet remained trapped inside that heavy iron mask, those ponderous stone walls, and the suffocating glances of the prying citizens. No one knows what became of him but the stories multiply.

We migrate through life and through the spaces that others have carved out before us. Whatever roots we put down, they do not arrest our passage. We are caught up in an incessant motion. Each new step is a step away from something whose loss is irrevocable, painful, and whose memory is fixed forever in innumerable scars that atrophy the flesh. But it is also a step toward discovery, and the consolations of philosophy. When Cortez burned his ships on arrival at the shores of Mexico, he must certainly have felt a little death as he turned his back once and for all on the Caribbean where he had made his first mark on the world. With the burning of those mahogany timbers, he dispelled the remnants of a past life and the materials used to enclose it. He condemned his tiny army to a desperate venture in the interior of an unknown jungle and no one at that moment knew the outcome. It was a bold gamble; but it was characteristic of the man, because I suspect he knew there was no standing still, that one had to keep moving, keep venturing, keep testing, keep playing at the edge of one's abilities. Born on a dirt farm in barren Extremadura, he knew in his blood there was no resting on the earth, and even when he arrived at the lush tropical promise of Española, he didnt tarry, he kept moving. He claimed an Empire for Spain; what did he claim for himself? the power and privilege to undertake more expeditions. Even in his death he never stopped travelling. He was exhumed something like ten times and managed to travel between the Old and New World throughout the subsequent centuries up until 1947.